sábado, 21 de marzo de 2026

Lo Que elegimos No Soltar

Todavía habita en mí
aquel primer abrazo,

no como recuerdo,
sino como una fisura que respira.

No fue tierno.

Fue un lugar
donde ambos nos dejamos caer.

Ahí empezó todo:
dos cuerpos fingiendo inocencia,
dos heridas reconociéndose en silencio.

Tu pecho contra el mío,
la respiración aprendiendo a decir “nosotros”
antes que la boca.

No fue un abrazo:
fue una rendición.

En ti me vi
como en un espejo empañado:
no clara,
pero inevitable.

Venimos de lugares
donde la piel sangra despacio,
donde el amor no era refugio,
sino intemperie.

Quizá por eso
nos elegimos.

Y no supimos detenernos.

Lo nuestro no fue calma.

Fue ese vaivén
donde todo parece quedarse
y al mismo tiempo
ya se está perdiendo.

Me llevabas alto—
demasiado alto—
y luego el vértigo.

Nos besábamos
como si el tiempo fuera un error.

Ahora el ruido cede.

No del todo—
pero ya no grita.

Como un animal dormido
que a veces abre un ojo.

Vivimos ahí:
entre lo que calma
y lo que tiembla antes de romperse.

Intentando sostener algo
con lo que somos:
lo roto,
lo oscuro,
lo que aún tiembla.

Te amo.

Y a veces
amarte duele.

Porque somos iguales
en la herida,
pero no en la forma de sostenerla.

Tú te retiras.
Yo me acerco.

Tú haces silencio.
Yo me desbordo.

Tú desapareces hacia adentro.
Yo ardo hacia afuera.

Y en ese cruce
nos desgastamos.

Hay días
en los que me vuelvo mínima.

Casi invisible.

Como si para alcanzarte
tuviera que desaparecer primero.

Y aun así
quiero que me mires
como si fuera suficiente.

Quisiera sentir—
no pedir—
que me eliges.

Algo firme
donde descansar el miedo.

Me preguntaste
si me haces infeliz.

No supe responder.

Las lágrimas
tampoco.

Es tenerte cerca
y no alcanzarte del todo.

Hablar
y que algo no llegue.

Tocarte
y a veces
no encontrarte.

Verte levantar muros
donde yo dejo puertas abiertas.

Me duele
cuando levantas la voz.

No por el sonido,
sino por lo que se rompe en mí
sin que lo veas.

Me duele
cuando te escondes
en pantallas,
en silencio,
en cualquier lugar
donde yo no exista.

Y aun así
yo sigo viniendo.

Con todo.

Con esta forma excesiva de amar
que no sabe hacerse pequeña.

Yo busco.

Tu mirada,
tu palabra,
ese punto exacto
donde coincidimos sin esfuerzo.

Y tú dijiste
que querías aprender.

A sentir.
A quedarte.

Y yo elegí creerte.

Pero tengo miedo.

No un miedo elegante—
uno torpe, insistente.

El miedo de construir algo
y que un día
ya no estés dentro.

Amo sin orilla.

Y tú,
paciente,
aprendes el viento.

No,
no me haces infeliz.

Pero hay partes de mí
que no saben dónde ponerse
cuando te vas sin irte.

No eres normal.

Por eso me quedé.

Te elijo entero.

Incluso lo que duele.

Pero necesito
cuidado,
presencia,
palabras que no huyan.

Porque el amor
no debería sentirse
como algo que se pierde al tocarlo.

Y si el miedo se cansa

no será porque lo calmes,

será porque en lo nuestro ni siquiera el caos alcanza a rompernos.

Solo nos recuerda
lo que elegimos
no soltar.






jueves, 31 de julio de 2025

I Call You Universe

 I Call You Universe

(Because nothing else could hold your name)


You think you’re just a man of skin,

a maze of thought, a noise within.

But I have seen your orbit burn,

the kind of light that won’t return.


You shattered soft and called it calm.

I touched your wounds, I was your balm.

I stayed where others dared not stay,

and kissed the storms you turned away.


You bloomed in silence, sharp and wide.

I held the war you kept inside.

You thought your cracks would make me run,

I saw the gold, and called it sun.


You kissed like gravity unspun,

as if the world came all undone.

No lips had ever reached that deep,

you woke the stars I used to keep.


Your breath redrew my atmosphere,

your scent the compass I held near.

You touched my spine, I lost all time,

a faultline bending into rhyme.


We built a world no verse could name,

too wild for maps, too sharp for shame.

A blaze that broke where silence grew,

we burned in ways just poets knew.


You made me feel what time forgave,

what stars once hummed, what oceans crave.

With you I lived beyond the known,

no map could chart how far we’d grown.


And still I love. Without disguise.

In every nerve, your orbit lies.

No silence dulls what we became,

I breathe, and still recall your name.


Because I loved you past control,

past flesh, past thought, past body’s role.

You live in every line I draw,

each mark, a trace of what I saw.


To be loved by an artist

is to live beyond goodbye,

you echo in each work of mine,

forever etched in time.


You’ll never be replaced or dimmed,

not in sketch, or song, or verse.

You are the ink that won’t reverse.

You are — and always —

‘Bel Univers’


martes, 22 de julio de 2025

Pausa

No sé en qué momento cambió la estación,

ni cómo llegamos a esta situación.

Nuestra conexión crecía sin medida,

hasta doler, como herida abierta y viva.


Me dijiste que me amas,

y el mundo se detuvo entre calmas y llamas.

El sentimiento era fuerte, profundo, sincero,

tan real, tan nuestro, tan verdadero.


Dijiste que era por no hacerme sufrir,

y porque no sabes a quién elegir.

Que lo nuestro arde, pero estás dividido,

y por eso elegiste dar un paso al vacío.


Me arde el pecho, me arde la piel,

me ardes tú, como fuego cruel.

La espera es lenta, la noche es oscura,

mi alma en pausa no encuentra cura.


El acto más puro de amor verdadero,

es dar espacio, aunque duela entero.

No es “un mes y una semana” sin verte,

es caminar por la sombra de la muerte.


Resistirme al impulso brutal de buscarte,

de tocar tu cara, de nombrarte.

De recordarte que esto fue real,

que lo que tuvimos no fue casual.


Resisto el insoportable deseo de estar a tu lado,

aunque todo mi cuerpo esté desgarrado.

Eso también es amor, respeto, y herida,

fuerza que sangra, pero te deja la vida.


No sabes cuánto deseo abrazarte,

cubrir tus temores y levantarte.

Sostenerte en mi regazo y decirte:

“Estoy aquí. No estás solo. No voy a rendirme.”


Déjame amarte como nadie lo ha hecho antes,

arroparte en silencio, sanar tus partes quebrantes.

Déjame escuchar esa canción en tu voz,

y aferrarme al eco de lo que fuimos los dos.


Permíteme decir cuánto te necesito,

cuánto me duele este amor infinito.

Tus besos me habitan, tu olor es mi droga,

y en el rincón de mi alma, tu ausencia ahoga.


Maldita pausa que todo detiene,

cuando el alma se entrega y no se contiene.

Íbamos juntos a velocidad galáctica,

y ahora soy polvo en una órbita estática.


¿Y qué espero? No sé, quizá nada,

mientras la nada me clava su espada.

Deseo que el olvido no te reclame,

y que el recuerdo en tu pecho me llame.


Los segundos pesan como acero,

y yo con este amor verdadero.

Capaz de arrancarme la piel sin temor,

solo para abrigarte del más mínimo dolor.


Esta pausa es un acto feroz,

solo la elige quien ama veloz.

Dar libertad sin exigir regreso

es más valiente que un “te pertenezco”.


Ojalá sepas todo lo que te he dado,

cómo mi alma te ha acompañado.

Y cómo te amo aún sin certeza,

con la ternura vestida de tristeza.


Amo tu mente, tu caos, tu visión,

tu forma de amar sin explicación.

Tus besos, tus risas, tu aprendizaje,

tu voz que aún vibra en mi paisaje.


Amo tus ojos cuando rozan los míos,

tus caricias, tus bromas, tus desafíos.

Tu forma de ver el mundo con pasión,

y el eco de tu amor en mi corazón.


Amo amarte sin red ni medida,

aunque esta espera me cueste la vida.

Aunque no estés aquí para mí…

Pausa.

(y todo lo demás… quedó por decir.)

sábado, 28 de junio de 2025

Yo Estaba Ahí

Sonámbulo,

con el corazón roto,

sosteniendo lo insostenible,

deambulando por la vida

esperando que algo cambie...

y entonces llegué.


Te noté.

Te entendí.

Me quedé.


Y nos sentamos juntos

en el borde del abismo,

compartiendo nuestras ruinas,

las grietas antiguas,

las memorias que quedan,

nos reímos de la vida

como si no dolieran.


Conectamos nuestro lenguaje

a pesar de la diferencia de frecuencia.

Encontramos un punto medio

a través de la metáfora,

y de la música correcta.


Fui quitando, una a una,

las pieles de tu ser,

y me encontré con heridas

que nacen de no querer ver.


Aullaban en silencio,

bajo calma y pesar,

me atreví a besarlas,

a intentarlas sanar.


Y estuve ahí presente,

más cerca que ayer,

en el rincón oculto

donde el alma suele ser.

Adorando las profundidades

de tu mundo no escuchado.


Las canciones me hablaban

con la voz que es tu mar,

y tu aroma me arrastraba

como viento en el hogar,

me envolvía, me llamaba,

me hizo en ti naufragar.


Y no tomé nota,

no grabé.

Estaba ocupada siendo:

agua sobre tu piel,

cielo en tu lengua,

vértigo en tus manos.


Fui poema

sin palabra,

grito sin sonido,

estallido sordo

de sentirte.


Ahora entiendo:

tus canciones eran oraciones rotas,

murmullos de tu alma

que aún no sabías descifrar.


Leí entre los silencios,

toqué la herida

sin decir su nombre.

Sentí lo que no dijiste.

Escuché lo que no mostrabas.


Yo estaba ahí.

No mirando: sintiendo.

No preguntando: abrazando.

No huyendo: quedándome.


Donde nadie miró,

yo escuché.

Donde nadie tocó,

yo sostuve.


Y al final,

cuando tu tormenta se calmó,

me quedé hecha abrazo,

invisible, indeleble,

pero ahí.

domingo, 22 de junio de 2025

Cuando duele Afuera, Calla Adentro

Hay ausencias que no caben en palabras.

Por eso el cuerpo.

Por eso las marcas.


Una mordida:

no como castigo,

sino como prueba

de que fui habitada.

Un cuello adolorido:

no como señal,

sino como dolor que se deja ver

cuando por dentro no cabe más.


No hay poema que salve

a quien se entrega

sabiendo que será devuelta

a la incertidumbre.


Pero hay cuerpos que aprenden

a bailar con lo irreal:

si no me amas del todo,

ámame con la intensidad

de lo que queda cuando estás.


Mi piel no exige futuro,

mi corazón, en su oscuro,

busca un lugar seguro

donde no tiemble, donde esté puro.


Y tu presencia es brutal:

a veces torpe, a veces callada,

tierna como bestia domesticada.

Tu ternura violenta

transforma el dolor

en fuerza renovada.


Me tomas

y en ese acto el mundo

queda en pausa.

No hay historia,

no hay promesa,

solo cuerpos haciendo del instante

su única verdad.


Luego te vas.

Y no te llevas nada,

salvo todo.


Entonces abrazo las sábanas

como si pudieran devolverme la respiración.

Tienen tu olor.

Y con mis dedos

redibujo en el aire

la forma en que tu sombra

se hundió en mí.


Estoy viva.

Lo sé porque arde,

porque el cuerpo late y responde,

lo sé porque el dolor es real y no esconde,

como si el alma al fin hallara su horizonte.


He encontrado un lugar

donde el dolor de afuera

silencia al que grita adentro.


Y en ese silencio,

el cuerpo adolorido se vuelve refugio

del torbellino y duelo,

un remanso en el desconsuelo…


Porque cuando duele afuera, calla adentro.