lunes, 19 de octubre de 2015

Llueve en mi mente

La lluvia mojaba mi rostro,
Era de noche y las luces de la ciudad alumbraban mi camino,
Hacía frío,
Mi cabello empapado derramaba grandes gotas a lo largo del trayecto,
Hace mucho que mi vida había perdido sentido,
Caminar por caminar, en las calles de esta gran ciudad.
La melodía de la guitarra que nos acompañó aquella noche
Sonaba en mi cabeza una y otra vez,
De cierta manera mantenía mi cuerpo tibio,
Recordando lo delicioso que es sentir tu piel.


Eres a quien quiero ver al salir del aguacero,
Esa persona que ilumina mis más oscuros universos.
Acurrucarme en tu pecho para sentirte respirar,
Es mi mejor medicina para poderme relajar.


Pero la lluvia empezó a empeorar,
No me quedó más que esperar debajo de un pequeño techo de un local que cerrado estaba;
Respirando fuertemente, y frotando mis manos para calmar el frío,
Percibía como las gotas de agua me acariciaban la cara,
Y fue en ese preciso instante en el que me sentí observaba,
Levante la mirada lentamente y sin tener que buscar nada,
Lo encontré.


La lluvia sonorizaba el momento,
El tiempo empezó a correr más lento,
No habían palabras, ni gestos, solo miradas.
Miradas que nutrieron recuerdos,
Recuerdos que había sepultado,
Para no tener que cargar con más peso.

Se acercó sin decir nada,
Y con cara de nostalgia, me abrazó como si no hubiera un mañana,
Me apretó fuerte, lo recuerdo muy bien,
Yo no pude abrazarlo, no sé por qué,
Mis brazos erguidos seguían, mientras el suspiraba por mi mejilla.

Aun no estoy segura si el abrazo fue demasiado largo,
O el tiempo pasaba despacio,
Cuando finalmente sus brazos me soltaron,
Volví a mirarlo fijamente a los ojos,
Sentí cómo se quebraba por dentro,
Conteniéndose las ganas de llorar,
Forzó una sonrisa, que lo motivaron a volver a abrazar
A esa niña tan distinta y fría de lo que él conocía,
Era yo, la misma chica,
Luego de varios inviernos en soledad,
Donde aprendí a no extrañarlo nunca más.


Yo no sabía cómo actuar,
Mi reacción había sido observar y analizar,
Pero fue en el segundo abrazo cuando sus labios tocaron mi mejilla,
Una y otra vez,
Realmente no sabía qué hacer,
Que en ese momento solo ojos cerré,
Empecé a percibir nuestros cuerpos mojados juntarse una vez más,
Una última vez más.
Y fue ahí,
En ese momento en el que recordé la palabra “final”,
Cuando suave y sutilmente besé su cuello, como despedida
Como alternativa,
Como lo único que de mí conseguiría.
Percibí su aroma en ese sencillo beso,
Ese fiel aroma que me había acompañado durante largo tiempo,
Que ya había olvidado, y definitivamente no quería recuperarlo,
Me solté de sus brazos, y no podía dejar de mirarlo con odio
Con rencor, con ganas de no tenerlo enfrente de nuevo.
Fue en ese momento en el que mi mano tomó
Y con palabras que inesperadamente salieron de su boca, el me afirmó:
‘Te quise y te quiero demasiado’.


La lluvia ayudó para que no existieran silencios incómodos,
No sé si él esperaba un ‘yo también’ como respuesta,
No entendía bien nuestro momento si quiera,
Y sin responder ni decir nada,
Sólo empecé a alejarme lentamente,
Paso a paso, retrocediendo del lugar,
Sentíamos como nuestras manos se iban sosteniendo hasta el final,
Faltando un paso más para separarnos,
Me pregunta: ¿Nos veremos mañana?,


Sin mirar atrás, sólo caminé
Y en mi mente pude responder:
Nos veremos cada vez que observes la lluvia correr.