lunes, 13 de julio de 2015

Para poder escribir un mejor final

Vivía en otra ciudad a más de 400 km de distancia de él,
Nuestra conexión y ganas de estar juntos eran más fuertes que nada en el mundo,
Fue por mensaje de texto cuando él me dijo: ¡Vente a vivir conmigo!,
Yo no podía creerlo, quería pero al mismo tiempo temía,
Era algo que nunca había vivido y tenía ese mal presentimiento de que algo saldría mal,
Igual se lo hice saber, le hablé de mis miedos y mis ganas de estar cerca de él,
Le comenté que ‘el que no arriesga no gana’, y así fue…

Empaque mis cajones en un par de maletas grandes,
Me fui en el avión de las 15, el cual casi llego tarde,
No sabía si las maletas eran muy pesadas o mis nervios a vivir me debilitaban,
Fue así como llegué a la gran ciudad donde viviría con él;
Me fue a recoger al aeropuerto, tan contento como cada vez que me iba a ver,
Sin importarnos las maletas, nos abrazábamos un largo rato,
Nos besábamos, nos acariciábamos,
¡Al fin juntos otra vez!

Llegamos a casa, nuestra casa;
Lo primero que hice fue acostarme en mi nueva cama, nuestra cama
Al poco rato nos ronroneaba su mascota, nuestra mascota
Y con un sutil beso acompañado de una tierna sonrisa me dijo: ¡Bienvenida!

A la mañana siguiente, me despertaron con caricias y besos,
Era muy temprano para mí, pero con los ojos cerrados podía distinguir
Como la gata y él, me intentaban consentir…

La ducha sonaba, y una canción de fondo siempre la acompañaba
Al abrir los ojos, yo observaba
Como él se rasuraba, se perfumaba, se peinaba,
Se arreglaba para su larga jornada,
Cuando el notaba que estaba despierta, corría hacia a mí a decirme: ¡Buenos días, bella!
Disfrutaba cada detalle: el poder sentirlo, olerlo, escucharlo, admirarlo, antes de irse al trabajo.
Así fue cada mañana, unas junto a él, y otras observándolo desde la cama,
Al cepillarnos los dientes o mientras yo me maquillaba y él se rasuraba,
Siempre existía el pequeño momento de admirarnos juntos,
De ver nuestros reflejos en el espejo, y quedarnos quietos
Para observar lo bien que se nos veía juntos.

Llegó el día en el que me tocaba desempacar mis maletas,
De distribuir el espacio en partes iguales;
Al abrir el tercer cajón me llevé una gran sorpresa,
Había ropa interior de mujer,
Mi corazón empezó a latir a mil,
No sabía cómo reaccionar a algo así…
Pero para mi buena suerte.
Tenía etiqueta,
Se trataba de un regalo para mí;
Esa anécdota fue graciosa,
Luego fueron llegando otras,
Que no hacían reír, 
De cierta manera me hacían infeliz.

Cada vez habían menos: ¡Te Quiero!,
Menos sonrisas, menos sexo;
Trabajábamos juntos en grandes proyectos,
Era su secretaria, su productora, su ejecutiva, su mano derecha,
Su amiga, su confidente, su compañera,
Era su TODO y él era el mío, porque sencillamente así lo habíamos decidido.

Una noche en particular, la cual él se quedó dormido de tanto trabajar,
Cometí el error de revisar unos mensajes de un chat abierto que dejó en mi laptop,
Unos mensajes que me destruyeron por completo,
Me encerré en el baño a llorar, no lo quería despertar,
Me hice la promesa de fingir no haber visto nada y esperar que él mismo se disculpara…

Pasaron los días, y era obvio que mi actitud cambiaba,
Le hablaba de personas y situaciones que talvez le despertarían las ganas de hablar del tema,
Pero en vez de confesar, lo negaba todo,
Llegó a reclamar que quien era ese alguien que me envenenaba, diciéndome cosas que irreales
Cuando yo muy bien sabía la realidad, la triste realidad.

Me llevó a cenar, a un restaurant muy caro y fino
Había una vista hermosa, la mejor de todas,
A la luz de las velas junto a un buen vino,
Era tan perfecto todo que parecía que se acercaba el matricidio,
Me tomó de la mano y me dijo lo feliz que era conmigo,
Y al acabar la cena, de manera muy seria terminó diciendo:
¡De aquí no nos vamos, hasta que me digas quien está arruinando lo nuestro!

¡Por favor no me hagas esto ahora! – Dije yo
Y antes de crearse un espectáculo, cogí mis cosas y caminé hacia el carro,
Él me siguió buscando respuestas, respuestas que me negaba a dárselas
Porque sencillamente quería que fuera él, el que confesara, para poder perdonarlo
Para poder amarlo como antes lo había amado,
Pero seguía insistiendo en que se trataba de alguien que nos quería alejar,
Que yo estaba loca, y que de una vez tenía que hablar…

Mi silencio lo enloquecía, las cosas bellas entre nosotros desaparecían,
Llegaron los gritos, los insultos, las miradas feas,
Las lágrimas que ambos derramábamos,
Las largas duchas en absoluto silencio acompañadas con un largo abrazo…

La paciencia se me había agotado, ya no podía más ocultar ese pasado
Que destruía nuestro presente lentamente,
Se trataba de toda esa mala onda que se había creado,
Me sentía cada vez más pequeña y débil frente a su fuerza y “verdades absolutas”
Y fue en una fea discusión, la cual él me botó,
Y al instante que empaqué, él se arrodilló.
Lloró como nunca pidiendo perdón,
Dejándome en claro, y apenas pudiendo hablar
Que yo no merecía un hombre que me tratara tan mal,
Yo solo lo abracé, y y en mis adentros pensé:
¡Esto jamás te lo perdonaré!

Y fingiendo estar bien, a los pocos días regresé
Mi casa estaba llena de polvo, pero llena de paz,
Esa tranquilidad donde nadie me dominaba,
Era lo que realmente extrañaba,
Lo amé, lo amé como a nadie
Por eso me arriesgué,
Le entregué todo, olvidando y aceptando cada defecto de él
Me fui hostigando y cuestionando si esto era lo mejor para ambos…

La relación a distancia funcionaba bastante bien para él,
Mientras yo… yo ya no sabía que sentía ni que quería,
Yo era muy joven y él tan vivido,
Dejé de ir a su ciudad, y fue él quien al fin empezó a visitarme con regularidad,
Fue cambiando y aportando más a la relación, no más gritos e insultos
Las discusiones desaparecían,
Pero no por buena comunicación,
Eso nunca,
Él se había comprado casa nueva, carro nuevo, proyectos nuevos,
Que simplemente me ocultaba y me enteraba por su familia que tanto me apreciaba,
Yo ya no preguntaba, yo ya no me amargaba,
Yo ya todo lo aceptaba, por eso funcionaba, por eso él feliz estaba,
Pero yo no… Yo ya no era feliz

Y fue una tarde de marzo
El día en el que decidí
Dejar de ser débil y empezar a ser fuerte,
Esa misma tarde en la que me llamó para decirnos adiós,
Y a pesar de que fue mi decisión,
Fue la despedida más triste en la que me encuentro hasta el día de hoy,
Una relación que tuvo que terminar,

Para poder escribir un mejor final.